09 Nov
compensación gastos en teletrabajo

¿Cuáles son los retos del teletrabajo en las empresas post-Covid19?

¿Qué es realmente y cómo debe entenderse el teletrabajo? ¿Cómo deberían afrontar las empresas el escenario de teletrabajo y smart working post-Covid19? ¿Y el papel del CIO en todo esto?

Reflexiona sobre ello en este artículo Galo Carreira, Responsable de Estrategia y Chief Information Officer (CIO) de SincroGO.

El confinamiento sobrevenido para contener la pandemia COVID19 supuso un antes y un después en la práctica del teletrabajo. Muchas empresas se vieron en la necesidad de habilitar o desarrollar esta modalidad productiva en tiempo record. A su vez, muchos trabajadores se encontraron de un día para otro en sus casas teniendo que construir nuevos hábitos y hacerse a nuevas herramientas informáticas.

A este escenario, se sumó la necesidad de no perder productividad para no perder competitividad y no poner en riesgo la supervivencia de la compañía.

Recuperada ya buena parte de la normalidad, conviene hacer una reflexión sobre qué es y cómo debe ser el teletrabajo.

El teletrabajo aplica en las tareas que procesan y entregan intangibles

IRPF becariosA primera vista resulta obvio que las posiciones que entregan trabajo manual no son aptas para el teletrabajo. Mantener las estanterías llenas en los supermercados exige personal desplazando mercancías. No obstante, cabe una reflexión sobre esto. ¿Cuánto de la actividad tangible está soportado por actividad intangible? El albarán que lleva el trabajador que repone las estanterías ¿debe estar en papel? ¿qué supone que lo esté? ¿de quién y cómo lo ha recibido? ¿dónde está físicamente la persona que se lo entregó? ¿en esas instalaciones? ¿en otras?

Estas preguntas pretenden mostrar que, en la actualidad, las cadenas de valor de las compañías son una red de conexiones entre lo tangible y lo intangible. El arquitecto técnico que comunica telefónicamente una decisión a los capataces de una obra y estos la trasladan a los obreros que realizan la tarea física están en un escenario en el que transfieren valor intangible a valor tangible.

¿Por qué es esto importante? Porque en este análisis radica la competitividad de la empresa moderna. En analizar estas conexiones y dotarlas para lograr la mayor productividad.

Si el arquitecto técnico no se tiene que desplazar, puede proporcionar decisiones a más obras. Si la persona que determina los albaranes de reposición en los supermercados no tiene que estar en las instalaciones, puede atender otras. Con ello se gana economía de escala. La deseada economía de escala que hace rentables a los negocios.

La remotización entre la producción y la entrega de valor es el gran avance del siglo XX y el siglo XXI. Un avance que antes de la pandemia muy pocas compañías habían explorado y desarrollado en plenitud. Un avance al que muchas compañías aún se resisten.

En SincroGO, la arquitectura de procesos diseñada permite que ningún puesto físico, ningún equipo concreto, ninguna red, ningún terminal móvil… sea indispensable. Podría volar por los aires la totalidad de ellos y en un par de horas la compañía estaría trabajando al 100% sin perder un solo dato, sin perder ninguna funcionalidad. SincroGO es una compañía 100% remotizable.

Algún lector puede pensar «Eso no es teletrabajo. Teletrabajo es trabajar desde casa». Vamos con ello.

Teletrabajar no es trabajar desde casa

El arquitecto técnico que entrega decisiones telefónicamente a los capataces de obra ¿importa donde se encuentre? ¿Es relevante para resolver esa necesidad que esté andando por la calle, conduciendo su automóvil o encerrado en un despacho? Lo que importa es que la entrega de valor se produzca sin problemas… ¡y lograr la mayor economía de escala!

Una empresa adaptada al teletrabajo no es una empresa que permite a sus empleados trabajar desde casa. Una empresa adaptada al teletrabajo es una empresa que tiene la mínima dependencia de que sus empleados estén en un lugar físico concreto.

A partir del análisis de los procesos corporativos, observando los puntos de conexión entre tangible e intangible, los responsables de operaciones, COOs, y de información, CIOs pueden diseñar conjuntamente una configuración que permita una empresa remotizable. No es una labor de un día. Es un proyecto que puede conllevar uno o dos años. Pero la rentabilidad está asegurada. La pandemia COVID19 ha mostrado hasta qué punto una compañía pensada en estos términos es rentable.

De lo anterior se deduce que el puesto de trabajo en casa no debe ser distinto al puesto de trabajo en cualquier otro lugar de la ciudad. O del mundo. Debe tener la misma plena funcionalidad. Por otra parte, la entrega de valor del empleado tampoco puede verse alterada en absoluto. Si se ve afectada, las cosas no irán bien. No se logrará la economía de escala, no se ganará competitividad, la compañía puede ver afectada su rentabilidad y con ello su supervivencia.

 

Teletrabajar es trabajar, no es un beneficio social

En la actualidad, muchas empresas ofrecen el teletrabajo en casa como un beneficio asociado a la conciliación familiar. Las comunicaciones corporativas al respecto muestran una jornada laboral que permite atender a los niños, a las personas mayores, hacer ciertas labores en casa, etc. Sucede que esta forma de exponer las cosas puede inducir a equívocos y disfunciones.

Es perfectamente legítimo -y deseable- que la compañía favorezca la integración (conciliación) de la vida familiar y laboral de sus empleados. Para favorecer esta integración una de las medidas puede ser que el trabajador preste sus servicios desde su domicilio. A esto la compañía puede sumar el que considerará dentro de la jornada que el trabajador realice actividades del hogar o de su vida personal. Un beneficio como otros, como puede ser que el empleado tenga la tarde libre el día de su cumpleaños, o acompañe a sus hijos el primer día de colegio. Son medidas que van más allá de lo establecido en la normativa laboral.

Pues bien, todo lo anterior no tiene nada que ver con el teletrabajo. El teletrabajo es el medio que permite el beneficio social. No es el beneficio social. Puede parecer una diferencia baladí, pero no lo es.

¿Puedo ir al dentista mientras estoy en jornada de teletrabajo? ¿Puedo no atender una llamada porque estoy poniendo la lavadora? ¿Puedo desplazarme a la playa para teletrabajar desde allí? ¿Puedo denegar una solicitud de reunión de última hora porque es mi día de teletrabajo?

Caben muchas preguntas y situaciones que conllevan el mismo equívoco. Teletrabajar no es un beneficio, es un medio, una herramienta. Las medidas de conciliación de la compañía deben preguntarse, todas ellas, al responsable pertinente. La compañía será quien determine en qué circunstancias admite que el trabajador no haga, en todo o en parte, la labor para la que fue contratado.

Evidentemente, aquí hay que tener en cuenta qué establece el marco laboral y, adicionalmente, el convenio colectivo en materia de jornada, descansos y conciliación y qué medidas, más allá del plano normativo, quiere conceder la empresa a su plantilla (aquí entramos en el terreno de la cultura y dirección estratégica de personas).

A efectos del teletrabajo, la posición que parece más coherente es que sean los mismos beneficios se esté donde se esté. ¿Puede el empleado ir a poner una lavadora cuando está trabajando en las oficinas? ¿Puede no atender una llamada? ¿Puede no asistir a una reunión? Lo que la compañía establezca al respecto, bienvenido sea. Pero no tiene que ver con el teletrabajo. Teletrabajar es trabajar da igual donde se esté.

Impacto del teletrabajo en las personas

teletrabajo retos de futuroDicho lo anterior conviene hacer algunas reflexiones sobre el impacto del teletrabajo en las personas. Trabajar ‘da igual donde se esté’ puede llevar a situaciones indeseables. Jornadas que no acaban, estrés por exigencia de atención en muchos asuntos, etc.

La remotización entre la producción del valor y su entrega que, como se ha mencionado, es el gran avance del siglo XX y XXI gracias a las tecnologías de la información ha supuesto como beneficio una ampliación de la oferta de bienes y servicios. Como perjuicio, una extenuando carrera entre las compañías que prestan esos mismos bienes y servicios, o sustitutivos para llegar al cliente final.

Como nunca antes, las empresas sufren la obligación de competir, la necesidad de satisfacer al cliente, la tensión de no quedarse atrás. En la medida en que las empresas son personas, son estas quienes soportan toda esa presión. Desde el más alto directivo al más reciente contratado.

Excede el ámbito de este artículo tratar estos temas. Pero sí corresponde hacer un apunte sobre  los riesgos del hiperconsumismo que la remotización favorece.

Cuando tomamos el móvil para hacer un pedido con apenas un par de clicks una inmensa maquinaria se pone en marcha para servirnos con la mayor comodidad posible. Sin la remotización no sería posible, pero debemos cuidar que esta no nos arrastre a ser esclavos digitales.

Conscientes de estos riesgos, SincroGO ha arbitrado medidas y protocolos de desconexión digital (que van más allá de lo establecido en el art. 88 de la LOPDGDD) para todos sus empleados.

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